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El
fileteado porteño es un arte decorativo y popular
nacido a principios del siglo XX en la ciudad de Buenos
Aires.
Tuvo su origen en las fábricas de carros donde los
pioneros del oficio, trabajando en la ornamentación
de esos vehículos, prácticamente crearon este
género, que desafortunadamente no fue suficientemente
documentado en su génesis ni tampoco en su posterior
desarrollo.
Por ello, la historia
del fileteado que poseemos está construida sobre
la recopilación de testimonios de los maestros de
este oficio a mediados de éste siglo.
Al igual que en el tango, no hay un primer artista ni una
fecha exacta que permitan determinar con exactitud el inicio
de esta práctica, mas los testimonios coinciden en
que fueron tres inmigrantes italianos los que desarrollaron
casi contemporáneamente el filetado trabajando dentro
de las diferentes carrocerías existentes al inicio
del novecientos: Cecilio Pascarella, Vicente Brunetti y
Salvador Venturo, quienes posteriormente tuvieron como primeros
continuadores a sus propios hijos.
Así,
la decoración fileteada de los carros en Buenos Aires
comenzó con pintar los laterales de los carros con
un color vivo, rompiendo con el gris municipal que los caracterizaba.
Otro avance fue dividir estos dos colores con una delgada
línea en un tono más intenso o contrastante,
el filete.
A partir de allí, van surgiendo los diferentes motivos
que más tarde conformarán un vasto repertorio
que caracterizará, al igual que la composición
y su técnica de pintura, a un género inconfundible.
Flores, volutas, hojas de acanto, cintas argentinas, bolitas,
líneas rectas y curvas de diferentes grosores se
van combinando con escenas campestres y personajes populares,
como la Virgen María y Carlos Gardel.
Los colores utilizados
son muy vivos y a través del contraste y las transparencias
se da a la entera obra intencionalidad de volúmen,
con una materia elemental: el esmalte sintético,
que resiste al tiempo y a la intemperie permitiendo que
esta forma de arte que circulase constantemente por las
calles de la ciudad. ![[ Fileteado sobre carro lechero ]](../imagenes/Sulky2a.JPG)
Los textos también forman parte de la composición
del fileteado, con todo un arsenal de frases acuñadas
por la sabiduría popular , que constituyen su "voz",
y que alguna vez Jorge Luis Borges supo definir acertadamente
como "costados sentenciosos".
Consecuencia de ello es que el fileteado se realice no solamente
con fines estéticos, sino también como manifestación
de los valores socioculturales del hombre de Buenos Aires.
En la década del '40 el fileteado adapta sus formas
a los nuevos vehículos fruto del progreso que van
sustituyendo paulatinamente al carro:
los camiones y los colectivos (autobuses), que son herederos
directos de esta decoración colorida que les otorga
indiscutible identidad "porteña", pero
que pasa inadvertida para la gran mayoría de los
habitantes.
La crítica de arte no se ocupa del tema, y la primera
exposición de fileteado porteño tiene lugar
recién en 1970, gracias a la paciente recopilación
de trabajos hechos por Nicolás Rubió y Esther
Barugel.
Poco después, comienza la desaparición del
fileteado en los vehículos debido a las sucesivas
crisis económicas, y a una ley nacional que prohibió
filetear los colectivos en 1975
Pasada ya la época de esplendor de los grandes maestros
fileteadores y de sus inolvidables vehículos profusamente
decorados, el fileteado porteño continúa vivo
en manos de un puñado de herederos curiosos de rescatarlo
de la indiferencia y el olvido, quienes lo ejercitan como
arte y oficio que no pierde la delicia lúdica que
encierra el ornamento.
Hoy, no tan vistosamente como antes, acaso sobre superficies
nuevas y con técnicas diferentes, y en contextos
tales como el tango, el diseño, la publicidad, el
tatuaje y el bodyart la imagen del fileteado se impone clasica
y a la vez renovada.
Pueden encontrarse más imágenes
e información en el libro Tratado de Fileteado Porteño
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